lunes, 30 de junio de 2014

Aún.

Pero te fuiste, y no pudo ser.
Y miro aún los verdes prados,
esperando verte llegar por el horizonte,
como si volvieses a bajar del cielo
que un día te envolvió en ternura,
con un lazo de amor,
y te dejó en mi vida como un regalo.

Y cierro aún los ojos
desde la mecedora del porche
del que un día fue nuestro hogar.
Y veo esos preciosos niños
que íbamos a tener,
corriendo, saltando y siendo felices,
mientras tú y yo de la mano
sonreímos recordando
nuestros viajes en barco,
nuestras góndolas y nuestros tiovivos...

No puedo evitar llorar aún hoy
cuando miro nuestra última rosa,
tu último vestido,
los restos del té que se quedo frío
mientras te esperaba ese domingo de abril,
las últimas notas de nuestra canción favorita...

Y siento aún el viento,
e intento aún que me lleve lejos contigo,
pero sólo remueve la espina
que me clavaste al marchar.
Porque puede aún doler,
si eres tú a través del tiempo,
la que con tu mano me la arrancas,
si con ella te llevas mi corazón.
Si es que aún lo conservo.