miércoles, 30 de julio de 2014

Vacío.

Vacío. 
Y es que cuando te vas, 
no me queda otra cosa.
Todo está en silencio, 
ni el viento que susurraba 
tu nombre acaricia mi piel, 
ni la luna a la que le cantaba 
pensando en ti aparece esta noche; 
solo quedan las estrellas 
formando un "te echo de menos" 
entre constelaciones.
El vacío llena mi cama
y ya ni mis sábanas
huelen a tu perfume favorito.

Parece que el mundo se llama vacío
y sus apellidos son los nuestros,
consumados en un amor 
que realmente nunca existió.
Parece que el mundo era tuyo y mío,
y ahora esta vacío.

Todo pasa a la velocidad de la luz, 
y yo, pegada a tu recuerdo, 
lo siento a la de la oscuridad.

Miro por última vez nuestra foto
del medallón de acero inoxidable, 
el que tenía que resistir 
tanto como nuestro amor, 
y lo tiro al mar
intentando no recordarte, 
porque me vuelve ese capricho
de niña chica de tenerte, 
de quererte,
porque sé que tu medallón está vacío,
porque quizás nunca se llenó del todo.