y yo sigo sin dormir
pensando en tu cuerpo
siendo fuego con el mío.
Imagino la poesía,
el vino tinto,
los acordes
de un final sin resolver
en tu espalda
o en un piso de Malasaña.
Imagino un brindis con tus labios,
una promesa eterna de un segundo
con el cruce de nuestras miradas,
un pensamiento inseguro
sobre qué pasará mañana.
Imagino el tacto de la culpa
a través de tus dedos
y la falta de arrepentimiento
en tu respiración acelerada
sobre mi cuello.
Son las tres de la mañana,
yo sigo sin dormir
y entre vino y vino,
se marchó el deseo
de invitarte a venir.