Arde mi Troya, arde.
Arde mi Troya, todo por ti.
Arde mi Troya, aviva el fuego de mi interior.
Arde ciudad majestad, para iluminarte.
El incendio no me deja respirar,
las llamas me abrasan la piel,
pero Troya, ¡mi Troya!
Arde, si es el único modo
de que veas mi amor.
Te conozco desde tu más tierna infancia,
te llevé de la mano en tus primeros pasos,
aunque no me vieses,
estuve siempre ahí.
Te vi reír, y te vi llorar.
Todo entre los muros de Troya,
la misma que ya se consume.
Pero no sufras por Troya,
¿no lo ves?
De sus cenizas resurgirá tu reino.
¿No lo ves?
De sus cenizas renacerá el amor.
¿No lo ves?
Mi Troya no arde ya.
No hagas que haya valido la pena,
haz que el ardor de Troya, mi Troya,
haya valido la alegría.
Te guiaré por los caminos,
para que sepas
dónde construir mi nuevo reino.
Te diré qué comer,
y de qué agua beber.
Tu cierra los ojos,
déjame actuar,
confía en el rey caído de Troya.
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