Odio ver tu corazón roto. Odio ver cómo te
derrumbas y no me dejas ayudarte.
Recuerdo con tristeza esos días, en los que
tus ojos sólo transmitían alegría y paz. Ahora, los miro y veo cómo se vuelven
más oscuros a medida que los cierras para huir de la realidad.
Pero yo ya he
pasado por ahí, puedo ayudarte, déjame. El mundo, muchas veces es injusto. A la
gente que no se lo merece, le pasan cosas buenas. Y a los buenos les toca vivir
infiernos. Pero piensa en el futuro y lo que traerá con él.
Toda la alegría que
está por venir te mostrará que tu corazón puede sanar. Pero, ¿cómo ibas a
saberlo? Yo debería habértelo dicho, en vez de desmoronarme al ver que te
fallaba y tu corazón se rompía. No hay una sola palabra en el mundo entero que
pueda describir el dolor que recorre cada centímetro de mi cuerpo al verte
decirme con la miraba: “Ya estoy muerta por dentro, dejadme estarlo por fuera
también.”
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