jueves, 24 de abril de 2014

Ese adiós, nuestra despedida

Cuando sople el viento,
pensaré en ti.
Cuando sonría un niño,
pensaré en ti.
Cuando vuelva el invierno,
y vuelva a llover,
lloraré por tu ausencia.

Por no saber siempre valorarte,
por rechazarte,
cuando sólo querías amarme.
Por caminar, cuando me pedías correr.
Que ya lo decía Bécquer,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
esas… ¡no volverán!

Pero tú siempre vas a estar,
me has dado tanto…
y aun así siempre quiero más.
Te quiero a ti,
te quiero conmigo,
te quiero a mi lado
hoy, mañana y siempre.
A lo mejor San Agustín tenía razón
y tarde te amé…

 Qué bonito es soñar,
pensar que caminaré de tu mano
toda la eternidad hasta el acantilado.
Y qué horrible es conocer el camino real,
donde lo único recto que hay es la cruz.

Nuestras miradas se cruzan,
tú me sonríes con melancolía,
cómo me asusta la idea
de no encontrar de nuevo tus ojos,
los que tan amada me hacen sentir…
No lo soporto y bajo la vista.

Me tendré que conformar
con los recuerdos,
con el primer día
y su abrazo de acogida,
con el último
y ese adiós que se nos clava en el alma.

Porque la despedida más dura
es la que te deja sin respiración,
y no sabes cuándo te soltará…
no sabes cuándo volverá.

3 comentarios:

  1. De verdad impresionante... Ojalá tuviera yo la capazidad de expresar mis sentimientos de esa forma. Se nota que sientes mucho por él...

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  2. Es impresionante lo expresiva que eres y como sientes y también lo grande que llegas a ser.Un abrazo fuertisimo.

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