domingo, 30 de marzo de 2014

Una dirección sin remite.

¿Y qué si hoy no puedo sonreír?
¿Y qué si hoy lo único que le puedo
lanzar al mundo es un grito?
Un grito de dolor,
de esos que cuando se acaban,
ni el viento se atreve a susurrar de nuevo.

¿Y qué si hoy tengo que llorar?
Echar fuera todo 
lo que me come por dentro,
más rápido que la luz,
más corrosivo que la bilis,
más dañino que tu sonrisa 
después de cada beso.

Aún no es el momento,
aún no puedo bailar bajo la lluvia,
aún no puedo cantar en las aceras.

Pero tranquilo, 
no desesperes, 
todo llega.
Y de repente, 
en el momento más insospechado,
como cuando nos conocimos, 
sonreiré al mundo.

Y seguirá lloviendo,
pero yo estaré bailando mi mejor vals,
cantando mi mejor sonata.

Y seguiré llorando, pero las lágrimas 
que se confundan en la lluvia 
ya no serán de tristeza,
serán las de alegría,
las que se fueron contigo de viaje,
aquel domingo de diciembre
y que han vuelto sin ti,
pero con una postal de recuerdo
y una dirección sin remite.

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